HISTORIA

El Colegio Salesiano de León XIII fue fundado el 1° de Septiembre de 1890, con un total de 50 alumnos, y con carácter de internado.
La fundación salesiana había sido solicitada a Don Bosco insistentemente, desde 1882 por el obispo de Cartagena, monseñor Eugenio Biffi, y desde 1886 por el gobierno colombiano que presidía el doctor Rafael Núñez. Finalmente, por intervención directa del Papa León XIII (razón por la cual la primera fundación lleva su nombre), el sucesor de Don Bosco, don Miguel Rúa, enviaba los ocho primeros salesianos. Arribaron a Bogotá los primeros cinco, el martes 11 de Febrero de 1890. Luego llegaron los otros dos. El primer rector y superior fue el padre Evasio Rabagliatti. Los demás eran el padre Miguel Unia (pionero del apostolado con los leprosos, en Agua de Dios), y el clérigo Silvestre Rabagliatti. Además los señores coadjutores Ángel Colombo (carpintero italiano), Carlos Migliotti (sastre italiano) y Felipe Kaczmarzik (zapatero polaco).
 

Los primeros días, los salesianos fueron huéspedes de los padres jesuitas, en el Colegio de San Bartolomé (esquina de la Plaza de Bolívar). Posteriormente les dieron una pequeña y húmeda casa, al pie de la actual casa cural de la parroquia de Santa Bárbara. Era la N° 195 que corresponde, hoy, a la carrera 7ª N° 5-44. No obstante, la casa era del todo inadecuada para los fines educativos. Por eso, se solicitó al gobierno otra sede; y el 1° de Septiembre de 1890 se iniciaba el colegio, en el sector del primer patio del antiguo Convento del Carmen, conviviendo con el hospital militar allí existente hasta 1892.
 

Aunque la primera intención era la de hacer un establecimiento para la enseñanza de artes como la carpintería, la zapatería, la sastrería y la herrería, artes que fueron luego complementadas con la imprenta y la fundición de tipos, renglón en el cual los salesianos fueron pioneros y figuran con honor en la historia de las artes gráficas en Colombia; sin embargo, al año siguiente de su fundación, se vio la necesidad de implantar los estudios clásicos para fines vocacionales como el de Valdocco, en Turín. Por eso fue tradicional en estas instituciones educativas la división entre las dos secciones de “estudiantes” y “artesanos”.
 

Siguiendo el estilo de las casas salesianas de Italia, el colegio funcionó desde un principio como internado. Se suponía que la acción educativa era más segura y completa si la relación entre educadores y educandos era permanente y continua. Los niños sólo salían dos veces al año a vacaciones en Julio y en Diciembre.
 

El Colegio de León XIII fue desarrollándose en sus dos secciones y, al mismo tiempo, fue la residencia del Superior provincial. Así continuó hasta el año 1957 en que, al venir de visita el quinto sucesor de Don Bosco en la dirección general de la comunidad, Don Renato Ziggiotti, se decidió separar la sección técnica y fundar el Instituto Técnico Centro Don Bosco. El Colegio de León XIII quedó exclusivamente como bachillerato clásico y al año siguiente, 1958, empezaron a aceptarse alumnos externos que fueron creciendo en número hasta que en 1972 desapareció el internado.
 

En 1973, el padre Mario Peresson, como director, acogió al grupo Juher (juventud, unión y heroísmo), dirigido por el exalumno Camilo Orbes y con él se dio comienzo a los cursos nocturnos que, al año siguiente (1974), fueron totalmente asumidos por el colegio. Estos cursos nocturnos en 1975 recibieron la aprobación con el nombre de Instituto Nocturno Don Bosco y en ese mismo año el rector del colegio, Padre Mario Reyes Z., dio inicio a la sección primaria.
 

A lo largo de la historia, el colegio ha ido complementándose en sus diferentes secciones, aglutinándolas bajo una sola dirección, fiel al Sistema educativo salesiano y siempre en busca no sólo de ampliar su cobertura, sino de realizar una labor muy a fondo de cristianización de los alumnos y de sus familias. Desde 1987 hasta hoy, se ha venido implementando un renovado proyecto educativo para obtener una mayor fidelidad a las intuiciones salesianas originales y un servicio más cualificado a los alumnos y a sus familias. En efecto, volvemos a la educación técnica, a través de las vocacionales y de los cursos de capacitación, como aconteció en 1988 y que en la actualidad, a través de la reciente fundación “Centro de Formación Técnica León XIII”, nos permite retomar la intuición primigenia de capacitar directamente para el trabajo.
 

Volvemos los ojos a Don Bosco y damos gran importancia al proceso formativo del aspecto vocacional, como objetivo y justificación de un bachillerato clásico no directamente orientado a la juventud más pobre y necesitada. Además actualmente, se plantean las estrategias para revitalizar el Bachillerato Nocturno como un servicio educativo para los sectores populares.
Finalmente, deseamos formar al buen ciudadano, para una más amplia incidencia social, no sólo a nivel teórico, sino con iniciativas prácticas que adelantan grupos juveniles, a nivel externo, como el trabajo por el barrio Potosí, uno de los más pobres de Bogotá (Ciudad Bolivar), que cuenta ya con una larga historia como expresión de servicio comunitario, y a nivel interno, la orientación que se le ha dado al servicio social estudiantil como una forma de acercamiento y análisis de la realidad social en nuestra ciudad.
 

Con orgullo, podemos presentar estos esfuerzos, que se van haciendo realidad.